El artículo subraya que este fenómeno contribuye a una erosión progresiva de la confianza pública. Cuando los ciudadanos perciben que incluso las fuentes oficiales emplean imágenes artificiales o engañosas, se debilita la idea de que existe un terreno común de hechos verificables. Investigadores en comunicación política señalan que la repetición de estos recursos puede normalizar la duda permanente: si todo puede estar manipulado, nada resulta plenamente creíble. |
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